Secuestro frustrado by M. L. Estefanía

Secuestro frustrado by M. L. Estefanía

autor:M. L. Estefanía
La lengua: spa
Format: epub
Tags: Aventuras, Relato
publicado: 1996-05-31T22:00:00+00:00


CAPÍTULO VII

Uno de aquellos dos vaqueros se encaró con Cal y después de mirarle con fijeza, dijo en tono burlón:

—No debes meterte en estas cosas, Cal. Tu misión es traer pieles a Tom y, si acaso, enamorar a Nora.

—Te olvidas de algo muy importante y que creo es también misión mía —dijo, sereno, Cal—. ¿Sospechas a qué me refiero?

—No me agrada forzar mi imaginación, cuando es fácil que tú lo digas.

—¡Evitar que los cobardes abusen de una mujer! —dijo Cal.

—No te excites, Cal —dijo uno de ellos, burlón—. Esto no es lo mismo que sorprender a las piezas en el campo. Nuestras garras son más peligrosas.

Y el que hablaba se golpeaba las fundas de las armas.

Nora se colocó al lado de Cal para evitar la pelea.

—¡Déjame, Nora! —le dijo Cal.

—¡Nora! —llamó su padre—. ¡Ven aquí!

—No pasará nada. No temas —dijo el que hablaba con Cal—. Este muchacho no está tan loco para suicidarse por lo que no le importa.

La muchacha se alejaba lentamente del hombre que amaba y en su rostro se expresaba toda la angustia que la invadía.

—A vosotros sí que no os importa nada de lo que se refiere a esa muchacha. Si ella no quiere volver al fuerte, porque va a marchar al Este otra vez, debéis dejarla tranquila. ¿Dónde está vuestro patrón? ¿Es que no ha venido con vosotros?

En ese momento aparecieron en la puerta del almacén las dos mujeres y Lony.

Éste se detuvo al ver la actitud de los testigos y de Cal.

—¡Aquí está la sobrina del coronel! —dijo el que discutía con Cal—. Hemos venido a buscarla por encargo de su tío.

—Pero no quiero regresar al fuerte. Pueden decírselo de mi parte.

—No diremos nada, porque va a venir con nosotros —medió el otro vaquero de Slade.

—¿Estáis seguros? —preguntó Lony, en forma un tanto burlona.

—¿Acaso lo dudas?

—Este muchacho ignora que hemos prometido llevarla con nosotros, y que somos de los hombres que jamás faltamos a nuestras promesas.

—¿Es que alguna vez los muertos pudieron cumplir algún encargo o promesa? —dijo, tranquilamente, Lony.

—No sé a quién puedes referirte al hablar de muertos… —comentó, en el mismo tono usado por Lony, uno de los vaqueros.

—Sin lugar a dudas, debe referirse a nosotros —agregó el otro.

—Habéis cometido una grave equivocación, ya que esta vez no se os detendrá. Os voy a colgar, y no debéis dudarlo.

Los dos vaqueros se echaron a reír.

Pero lo hacían un poco forzadamente, porque se encontraban ante dos enemigos que consideraban peligrosos.

—Tenéis, por lo que veo, un buen sentido del humor —dijo Lony—. Sabéis que vais a morir y aún tenéis ánimo para reír.

—Hablas como si tuvieras, en efecto, la seguridad de que nos vas a colgar.

—Desde luego.

—Te olvidas de que hay varios compañeros a la puerta que…

—No sigas —le interrumpió Lony al que hablaba—. No hay nadie en la puerta. No me vas a asustar al decir esto.

—Puedes creerme, muchacho. En la puerta…

—¡No hay nadie!

—Después de todo —dijo el otro vaquero—, si ella no quiere venir, no está bien que la obliguemos. Que lo haga su tío, si quiere.



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